Olvidate de las burbujas industriales, lavadas y sin alma que inundan las góndolas de los supermercados. Lo que acaba de aterrizar desde el País Vasco no es solo un vino; es un cachetazo de realidad atlántica. Karlos Arguiñano, el hombre que nos enseñó a cocinar con fundamento, acaba de presentar Kilima, la joya espumosa de su bodega K5.

En un mundo de vinos producidos en serie, Kilima nace como un acto de rebeldía. No busca agradar a los paladares domesticados por el azúcar residual. Este vino es puro nervio, salitre y honestidad líquida.

Hondarrabi Zuri: La uva que no sabe de domesticación

La base de este proyectazo es la Hondarrabi Zuri, una uva que crece mirando al mar en los viñedos de Aia, a 300 metros sobre el nivel del Cantábrico. Es una variedad que en manos de la bodega K5 se vuelve indomable, eléctrica y profundamente expresiva.

Kilima no es un espumoso más. Es el resultado de un laburo artesanal donde la intervención química se deja de lado para que el terruño hable. Si buscás la «perfección» clínica del acero inoxidable, seguí de largo. Acá hay textura, hay tensión y hay vida.

Un viaje sensorial desde El País Vasco 

Al servirlo, lo primero que te golpea es esa brisa marina. En nariz no hay perfumes sintéticos; hay flores blancas silvestres, manzana verde ácida y ese toque mineral que solo te da una viña que respira el salitre del océano a diario.

En boca, la burbuja es fina, integrada, casi juguetona pero con un propósito claro: limpiar el paladar y prepararte para el próximo bocado. Es un vino con una acidez vibrante, de esas que valoramos cuando buscamos salir de la zona de confort del Chardonnay tradicional.

Antindustrial por definición, radical por elección

La bodega K5, con este lanzamiento, reafirma su compromiso con la viticultura de respeto. Kilima es un espumoso de larga crianza que no necesita maquillaje. No hay correcciones mágicas en bodega, solo el paso del tiempo y el frío del norte español.

Es el maridaje perfecto para quienes entienden que el lujo no es una etiqueta dorada, sino la pureza de un producto que sabe a dónde pertenece. Ya sea con unos mariscos frescos o simplemente para brindar por la libertad de tomar lo que uno quiera, Kilima es el grito de libertad de Arguiñano.

Si sos de los que buscan vinos con «sangre», que cuenten una historia y que te desafíen los sentidos, el nuevo espumoso de K5 tiene que estar en tu radar. Salud por los vinos que no piden permiso.

 


Recuerda visitar Nuestro Mapa , en donde podrás conocer todos los lugares de tu ciudad en donde podrás disfrutar Vinos Naturales

por vn2028

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Verificado por MonsterInsights